Hacia tiempo que Laura no caminaba por aquellas calles, de hecho cuando partió de casa aquel día, juró que nada la haría regresar por aquellos lados.
Ahora estaba allí caminando entre las baldosas que conocía casi de memoria. Puso un pie delante del otro y caminó en linea recta sobre la junta de las bandosas, mientras pensaba en silencio. -¿Por qué? ¿por qué a mi? -. No cabían dudas de que las cosas son como son y que son por alguna razón en especial, aunque aún no pudiera verla; Pero aún así, Laura no podía evitar preguntarse por qué.
Entro a la casa y se sentó cerca. Desde donde estaba podía mirarla. Clavo sus ojos en ella y en silencio dejó que cayeran sus lágrimas, esas que venía apretando fuerte en medio de la garganta.
Así, lentamente, fue enjuagando cada uno de esos dolores que guardaba. Todo parecía desierto de aquí en adelante y eso la hacía temblar todavía, pero se puso de pie y la besó en la frente, respiró hondo y dejó caer la ultima lágrima sobre su rostro.
Hay cosas que no podemos cambiar, que debemos aceptarlas así y ahora; pensó mientras cerraba la puerta de la calle. Miró por última vez hacia adentro y no tuvo el valor de cerrar del todo la puerta, sólo la apoyó para no poder mirar más a través de ella.
Laura dió la media vuelta y sin mirar atrás retomó el andar tambaleante sobre la junta de las baldosas. Así fue como se alejó de allí.
Sé Pocas cosas, pero todas tienen que ver con amar y ser amado, con respetarse y aceptarse. Ninguna de ellas tiene que ver con someterse, sino con aprender y tolerar. Y es que AMAR no se trata de fundirse y perderse en el otro; se trata de individuos que crecen juntos Aceptar al otro es tenerle Fe, respetar sus tiempos, sus espacios, entender sus silencios y esperar sus señales. Para aceptar primero hay que conocer, lo que se ve del otro y lo que no se ve; y así puedo decir TE CONOZCO, y porque te conozco, TE ELIJO, y porque te elijo TE ACEPTO, y porque me aceptas SOY FELIZ. Aceptar al otro es aceptar lo mejor de nosotros mismos.
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