No digo que no tenga buena suerte, el tema es que no sé que hacer con ella. Y de repente irrumpes en mi vida, como un regalo inesperado, que viene a salvarme del abismo y yo muero de miedo de perderte, de no saber aprovechar una vez más, la buena suerte que me vino a tocar. Cuando era chica, hacíamos pan-queso para ver quién empezaba eligiendo a su equipo antes de empezar el partido y yo siempre ganaba; pero cuando estaba ahí, primera para elegir, con el comodín en la mano, siempre terminaba señalando con el dedo a mi amiga, esa que sabía que sino la iban a elegir última. Y entonces otra y otra vez, el comodín desperdiciado. O no, quien sabe. Pero igual, nunca puede elegir al mejor jugador. No sé por qué. Siempre con la carta en la mano y nunca sé cuándo jugarla. Y de menos chica también me ocurre. La vida me ha dado tantas oportunidades y siempre termino no sabiendo que hacer con ellas. Como ahora, que llegas a mi vida en el momento indicado, en el más preciso mom...